¿Qué esperas del Día Internacional de la Mujer?

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Las mujeres tenemos un enorme potencial en nuestro interior y un poder impresionante que no hemos sabido sacar a la luz.

Sin embargo creemos que la culpa es del otro (esposo, hijos, padre, etc) porque no nos respeta ni nos valora.

Es en ese momento cuando necesitamos un “día especial” que nos recuerde lo maravillosas que somos.

Pero mi pregunta es:

¿será que somos nosotras las primeras que no nos lo creemos?

¿Será que somos nosotras las que no nos respetamos a nosotras mismas?

Cuando no nos responsabilizamos de nuestro trabajo interior, es fácil culpar a los demás y querer que sea el otro el que cambie. 

Por favor, no culpes ni exijas a nadie, sólo pregúntate:

¿cómo y qué te exiges tú a ti misma?

¿qué esperas recibir de fuera que tú no te estás dando?

Debes saber que el camino para recuperar tu poder y despertar tu potencial no es el reclamo ni la exigencia de que el otro cambie su forma de tratarte, sino más bien el tomar responsabilidad de ti misma, trabajar para sanar tus heridas y eliminar lo que te impide valorarte, sólo así tu potencial como mujer despertará y los demás te respetarán al ver y sentir tu luz, tu grandeza interior y tu propia confianza.

 

El problema es que aprendimos a alimentar nuestra alma con el amor, la aprobación y el reconocimiento de los demás.  Pero ese camino no sólo no es el correcto sino que además es nuestro peor enemigo y la fuente de todo nuestro sufrimiento.

El error de base es que nadie puede darte lo que necesitas, solo tú.

Por lo tanto, la próxima vez que le pidas, reclames o exijas cariño, amor o respeto a alguien, pregúntate si tú te lo estás dando.

Y si esta reflexión te resulta extraña o difícil de responder… pregúntate:

¿Creo y confío plenamente en mí?

¿Me respeto?

Tal vez mentalmente tu respuesta sea: “síiii, yo me respeto”, pero ¿cómo llevas la práctica?

No respetarse es vivir en el sacrificio, y el sacrificio es olvidarse de uno mismo para agradar a los demás, no encontrar tiempo para tus cosas, esforzarte al límite para cumplir con las expectativas de los que te rodean, dejarte la piel haciendo cosas que no te gustan para evitar conflictos o ganar dinero, renunciar a tus sueños por miedo a no ser capaz o por miedo a no ser entendida o decepcionar a tu familia.

Todo eso es no respetarte, no cuidarte, no valorarte y no quererte,  y por eso después necesitas sacrificarte, para que los demás te valoren y te den lo que tú no te das: amor y reconocimiento.

Una de mis mentoras (Miren) me regaló una hermosa frase para que la aplicara cada día de mi vida:  

“Ámame como yo me amo”.

¡¡¡Ohhhh dios mío!!!, cuánta sabiduría hay en esta frase. Lo primero que pensé fue:

 –¿realmente yo me estoy queriendo?

-¿me trato yo como me gustaría que lo hicieran los demás conmigo?

Y ahí fue cuando empecé a ver con claridad cuánto me exigía cada día (robándome horas de descanso y ocio para demostrarme a mí y a los demás que sí era capaz), cómo me rechazaba por mis debilidades y cómo me enfadaba por mis errores.

Y en consecuencia entendí  que si yo me exijo te estoy dando permiso a ti para exigirme, igual que si yo no me respeto, te estoy dando permiso a ti para que no me respetes.

Lo más triste es que no nos damos cuenta de todo esto pero en vez de buscar ayuda cuando nuestra realidad no nos gusta y trabajar en nosotros para cambiarlo, salimos a exigírselo a los demás (hijos, pareja, padres, amigos, gobierno, sociedad, etc..).

Ya sabes, si buscas afuera el reconocimiento, es porque tú no te lo estás dando, así es que deja de esperar…

-que llegue el Día de la Mujer para sentirte importante

-que tu pareja te abrace para sentirte querida

-que tu jefe te suba el sueldo para sentirte reconocida

-que la sociedad te dé lo que necesitas para sentirte libre

y empieza a reconciliarte contigo misma para sentirlo en tu interior cada mañana. 

Sobre todo deja de sacrificarte para luego quejarte, reclamar y exigir y descargar tu responsabilidad en los demás, porque hay algo que nadie te puede quitar y es tu poder de decisión. Incluso si estás donde no te gusta, tú estás eligiendo quedarte. Otra cosa es que no te atrevas por los miedos o consecuencias, pero ese es otro tema.

Recuerda:

-Valora lo que eres y lo que haces y no tendrás que sacrificarte.

-Escucha lo que sientes y no necesitarás que otros te escuchen.

-Reconoce tus logros y no tendrás que demostrar nada a nadie ni vivir esperando el reconocimiento y el respeto externo.

La vida es un espejo y todo lo que hagas por ti te lo devolverá sin que tengas que pedirlo, exigirlo o reclamarlo.

En resumen, deja de mirar afuera e invierte tu valioso tiempo en sanar tus heridas, en entenderte, en no juzgarte, en perdonarte, en darte amor, en cuidarte y respetarte, sólo a partir de ahí podrás tratar a los demás con el mismo respeto que pides y recibir el respeto, igualdad, amor y libertad que tanto deseas.

Conclusión: Empieza por ti.