Creer en ti es la fuerza más poderosa que te llevará a lograr lo que te propongas sin ningún esfuerzo.
Y para que me entiendas quiero compartirte cómo he hecho realidad otro imposible, en apenas unas horas.
Este fin de semana estaba sola en casa sin mi hijos y tenía dos actividades importantes por hacer para cumplir con mis compromisos, uno de los más importantes era grabar 5 vídeos para una masterclass que me habían encargado y el otro era ponerme al día con los artículos de mi blog.
La verdad, sentía que era imposible hacerlo todo pues cada artículo me lleva varias horas de trabajo y cada vídeo me lleva un día entero de trabajo (o al menos eso me pasó la última vez que estuve grabando: 7 vídeos=7 días), además tenía varias citas y reuniones programadas. Por lo tanto, sabía que no me daría tiempo a terminarlo todo pero al menos tenía que aprovechar y exprimir el tiempo al máximo para adelantar todo lo que pudiera.
Uff, se presentaba un finde completito e intenso.
Esto es lo que sucedió:
El sábado por la mañana empecé con una sesión de coaching larga e intensa. Terminé justo a 5 minutos de entrar en otra reunión. En otra ocasión lo que habría hecho, como persona responsable y cumplidora que me considero, sería haber entrado en la siguiente reunión, sin descansar y cumpliendo con mi compromiso puntualmente aunque estuviera agotada.
Sin embargo, entendí que lo primero era yo, que si no descansaba y desconectaba un poco tampoco podría dar lo mejor de mí en esa reunión, así es que pedí que me disculparan 10 minutos, y salí a despejarme. La sorpresa fue que cuando volví aun no habían empezado, así es que aún llegué a tiempo.
Cuando te valoras el universo cuida de ti.
La reunión fue espectacular y maravillosa, aunque fue larga e intensa y terminé cansada. Mi mente sabía que tenía que seguir manos a la obra, pero mi corazón me dijo que me tomara la tarde libre, así es que comí, descansé y me fui al cine.
El domingo por la mañana tenía el propósito de ponerme a trabajar en serio pues ya el sábado por la tarde me lo había tomado libre.
Sin embargo, no estaba muy inspirada, ni para escribir ni para grabar vídeos, así es que me lo tomé con tranquilidad y decidí fluir en vez de flagelarme, sentirme culpable o pensar que estaba perdiendo el tiempo.
Después de comer tuve otra sesión de coaching larga y cuando terminé me fui a pasear.
Cuando volví de mi paseo ya era bastante tarde, apenas quedaban unas horas para terminar el fin de semana y ya poco podía hacer para cumplir mis objetivos.
Sin embargo, es ese momento lo imposible se materializó:
Me puse con los vídeos y en 4 horas ya tenía los 5 vídeos hechos, pues me salieron a la primera y con una fluidez absolutamente sorprendente. Y esta mañana me puse con el artículo y nuevamente sorprendida en 1 hora lo tenía escrito.
¿Te imaginas la diferencia?? Wowwww, yo misma estaba alucinada, jajaja.
¿Cómo podía ser que cuánto menos me había esforzado y cuánto menos me había preocupado por cumplir, mejores habían sido los resultados?
¿Qué había pasado?
Estos días atrás tomé conciencia de que constantemente hacemos las cosas para recibir la aprobación de los demás, y vivimos con el miedo constante a ser rechazados, no aceptados o no queridos por los que nos rodean.
Ese miedo nace porque no confiamos en nosotros mismos, creemos que así como somos, no somos valiosos y por eso tenemos que aprender más, trabajar hasta la saciedad, esforzarnos continuamente por cumplir con nuestros compromisos y ser mejores cada día. Todo esto para que nos valoren y nos quieran.
Lo que estamos haciendo realmente es buscar afuera lo que no tenemos dentro. Como yo no creo en mi, hago todo lo posible para recibir esa aprobación de los demás. Por eso cuando me alagan me siento tan bien, y cuando me critican me duele tanto. Porque realmente el primero que se critica y no confía en sus capacidades soy yo mismo.
Después de tomar conciencia de esta situación, y darme cuenta de que soy como soy y no necesito demostrar nada a nadie para sentirme valiosa, lo puse en práctica, empecé a creer en mi, me relajé y me di cuenta de que si no cumplía con algún compromiso no se acabaría el mundo.
Por lo tanto, coloqué mi bienestar en primer lugar.
Actúe en consonancia con lo que mi cuerpo me pedía, no me juzgué ni pensé que estaba perdiendo el tiempo cuando decidí descansar en vez de trabajar. No me sentí culpable por dedicarme tiempo en vez de hacer todo lo posible por cumplir con mis compromisos. Sobre todo no actué pensando en los demás, sino en mi misma.
Y entonces lo imposible se hizo realidad, y sólo en ese momento, cuando solté el deseo de ser aceptada, fui capaz de grabar 5 vídeos en 4 horas y escribir un artículo en 1 hora.
Al creer en ti lo imposible se hace posible.
Mi reflexión es…
que cuando actúas para que los demás te quieran, a tu día le faltan horas, no encuentras tiempo para ti y vives esclavizado por los compromisos adquiridos.
La autoexigencia y el perfeccionismo nacen de la creencia de no ser nunca lo bastante bueno y son una trampa mortal.
Y la necesidad de aprender continuamente y desear ser mejores cada día nos lleva a vivir con una presión constante que en muchas ocasiones terminar por mostrarse en nuestro cuerpo en forma de enfermedades como fibromialgia, migrañas, bulimia, infarto, cáncer, etc..
La pregunta es ¿de dónde viene esa idea de que así como eres no eres lo suficientemente bueno? ¿Quién te hizo sentir que no eres valioso e importante? ¿Por qué crees que tienes que demostrarle algo al mundo?
Si esto te suena te invito a que indagues en tu pasado, en tu infancia, porque allí encontrarás muchas respuestas.
Sólo cuando descubras tu propia trampa y empieces a creer en ti, serás capaz de soltar, de desprenderte de la presión exterior, de la culpabilidad de no ser suficiente, para empezar a valorar tu esfuerzo, a sentirte merecedor del descanso, del disfrute, de sentirte valioso y no juzgar tus errores.
Y entonces como por arte de magia el tiempo se detiene y se multiplica y los resultados que obtienes son extraordinarios.
Me encantaría conocer tu opinión para saber si soy la única que ha vivido buscando afuera lo que no tenía dentro.
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